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Dios quiere sanarte

Dios quiere sanarte

“Dios nos quiere sanos, no sufriendo” -padre Darío Betancourt.

Muchos cristianos creen o hemos creído erróneamente que Dios permite la enfermedad de forma indefinida, y que debemos aceptarla como castigo, como penitencia, o como un sacrificio que debemos entregar por alguna causa. No, no es así. El padecimiento de una enfermedad podemos entregarlo uniéndonos a Cristo Crucificado, mientras Él nos sana.

Quiero mostrarte por qué Dios quiere sanarte y cómo hacer para que Dios te sane, de acuerdo a las enseñanzas del padre Darío Betancourt, quien ha guiado a muchos enfermos a su sanación durante su vida.

¿Por qué Dios quiere sanarte?

Porque Jesús vino a salvarnos. Se dedicó durante su vida a sanar a los enfermos, y nunca dijo que debíamos aceptar la enfermedad y sufrir por ello.

“El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos” -Lucas 4, 18

Sí nos advirtió que sufriríamos, pero no desde adentro, enfermos, sino desde fuera, por persecución, burlas de la gente.

“Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia. 20.Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acogerían la de ustedes?” -Juan 15, 18-20

Dice el padre Darío Betancourt que Dios realiza en nuestras vidas cuatro clase de curaciones:

1.- Sana del pecado (debilidad de pecar)

Dios nos cura la tendencia pecaminosa, nos da un control fuerte de nosotros mismos. Debemos ver como cada persona que se acercó a Jesús, lo primero que Él hizo fue perdonarle los pecados. Perdonar el pecado es sanarlo.

“Díganme: el hecho de que ya no estemos bajo la Ley sino bajo la gracia, ¿nos autoriza a pecar? Claro que no. Si se entregan a alguien como esclavos, pasan a ser sus esclavos y obedecen sus órdenes, ¿no es así? Si ese dueño es el pecado, irán a la muerte, mientras que obedeciendo a la fe, alcanzarán una vida santa. Así, pues, demos gracias a Dios, porque antes tenían como dueño al pecado, pero han obedecido de todo corazón a esa doctrina a la cual se han entregado. Y, liberados del pecado, se hicieron esclavos del camino de justicia.” -Romanos 6, 15-18

El pecado trae muerte, amargura, desolación. Dios trae vida. Adan y Eva tuvieron que trabajar y tener los hijos con dolor a causa del pecado. Declarémonos esclavos de Dios. La esclavitud a Dios da vida, la esclavitud al pecado trae muerte.

Para ser sanos del pecado, debemos arrepentirnos de corazón, pedir perdón a Dios y confesarnos, para así obtener no sólo el perdón de nuestros pecados sino que también la gracia de dejar de pecar, a través del sacerdote, que debe hacer una oración para ello.

2.- Sana enfermedades espirituales (odio, miedo, remordimiento, complejo, etc.)

Vemos en Juan 4, 5-8:

“Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»”

Y el Señor le sigue conversando, y la va sanando del odio que tenían entre judíos y samaritanos. Luego, ella lo reconoce como el Mesías y ya sanada del odio corre a comentarle a los demás.

Recordemos a Pedro, cuando lo acusaron de conocer a Jesús y él lo nego por miedo a ser castigado igual que su Maestro, pero Jesús lo sana del remordimiento, esa culpa y esa tristeza que llevaba dentro por haberlo traicionado, preguntándole tres veces: “Pedro, ¿me amas?”. Y Pedro contestaba “Sí”. Tres veces le dio la oportunidad de decirle que lo amaba, como tres veces lo negó, para sanar así esa culpa. Así entonces Pedro rechazó haber negado a Jesús, por eso posteriormente en Hechos, Pedro reconoce a viva voz a los judíos “Ustedes lo mataron”. Así notamos que Pedro no sólo fue sano del remordimiento sino también del miedo.

El Señor no sólo sana el odio, miedo, remordimiento y complejos, también otras muchas dolencias espirituales como la tristeza, el dolor, la envidia, y un largo etcétera. Entrégale tu vida a Jesús y pídele que te sane el espíritu y se lleve de ti todo ese sufrimiento que llevas dentro para que seas libre al fin.

3.- Sana enfermedades físicas:

Enfermedad física, por ejemplo, congénitas o fruto de un accidente, que no tiene nada que ver con la enfermedad espiritual, como odio, miedo, remordimiento o complejo. Jesús antes de sanar, casi siempre sanaba los pecados. Jesús sanó tanto a personas con enfermedades de nacimiento como leprosos. Hoy en día sigue sanando a muchos de diversas enfermedades para las cuales la medicina tradicional no tiene cura, como el cáncer.

¡Dios nos quiere sanar!

Jesús está interesado en sanarnos en alma, mente, espíritu y cuerpo

4.- Sana contra Satanás (sus ataques demoniacos):

Esto más que una curación es como una donación de poder contra Satanás, de alejarlo de tu vida, es ser liberado de las influencias diabólicas.

“Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; 38.cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él;” -Hechos 10, 37-38

Muchas veces sufrimos este tipo de ataques por causa de la adivinación, el tarot, entre otras prácticas esotéricas y de la nueva era. Sin darse cuenta, mucha gente va y busca al diablo. Brujos y otros similares trabajan directamente con influencias demoniacas.

Cuenta el padre Darío que muchas personas con una gran cantidad de problemas, llevan tiempo consultando adivinadores y llevando amuletos. Y es una cantidad de personas impresionantes. Y a los 30, 40, 50 años, viene el diablo a cobrar todo sus “favores”.

Si has caído en esto, comienza renunciando a todo ello, arrepiéntete de corazón, confiesa el pecado y renuncia para siempre a volver a hacerlo.

¿Por qué algunas personas creen que las enfermedades son de Dios?

Explica el padre Darío Betancourt que hasta el siglo IV la Iglesia oraba por los enfermos, era parte del trabajo de los sacerdotes, esperando que Jesús sanara, hasta que aparecieron los estóicos, quienes enseñaron que la enfermedad era para evitar el pecado, ya que los enfermos no podían pecar. Por eso, según ellos, Dios enviaba la enfermedad para ese fin.

Nosotros como cristianos sabemos que el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte son fruto del pecado de Adán y Eva.

¿Pero dónde está la diferencia? Que los estóicos creen que Dios la envía para evitar el pecado, mientras nosotros sabemos que la enfermedad es consecuencia del pecado.

El pueblo cristiano acabó creyendo la doctrina estóica y empezó a creer que debíamos aceptar las enfermedades, hasta la actualidad. Y esta confusión vino principalmente porque la gente asumió que como Jesús sufrió mucho y advirtió que sufriríamos mucho para llegar al Cielo, entonces debíamos sufrir enfermedades. Pero Jesús nunca nos dijo que debíamos estar enfermos, sino que nos advirtió que sufriríamos desde afuera para adentro, no desde adentro, es decir, sufrimiento externo, no interno. Esto son las burlas, las ofensas, envidias, calumnias, etc.

¿Se puede ofrecer el sufrimiento de una enfermedad a Dios?

Sí, se puede, es más, debemos hacerlo, siempre uniéndonos a Cristo crucificado, pero mientras Él nos sana.

Jesús trató toda enfermedad como un mal, sano ciegos, sordos, paralíticos, y muchos más, pero no sanó a todos los enfermos de la época, sino a quienes lo reconocieron como Señor. Él nunca dijo que tuviéramos paciencia y se lo ofreciéramos a Dios.

Entonces, mientras Dios nos sana, le ofrecemos el dolor y sufrimiento, no debemos creer que Dios quiere que suframos enfermedades para ir al Cielo.

¿Quiénes pueden sanar a los demás?

Todos los cristianos podemos sanar en Su nombre. Jesús le regaló el don de curar primero a sus apóstoles.

“Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.” -Lucas 9, 1-2

Pero posteriormente, antes de ascender al Cielo, le otorgó ese don a todos sus discípulos.

“El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»” -Marcos 16, 16-18

¿Cómo sé si soy discípulo de Jesús?

Primero debemos entender la diferencia entre apóstol y discípulo. Los apóstoles eran 12, todos hombres. Apóstol significa Enviado, porque fueron enviados a evangelizar.

Discípulo es alguien que aprende de una persona, y sigue a éste como su maestro, adoptando su forma de vivir, no como el alumno de un profesor, que sólo aprende una ciencia. El maestro enseña al discípulo a vivir.

Por eso, los discípulos de Jesús son todos aquellos que creen en Él, adoptan su forma de vivir y lo siguen. Puede ser hombre o mujer.

Concluyamos: ¿Soy discípulo de Jesús, es decir, lo sigo? ¿o sólo soy un alumno, que conoce su historia desde afuera?

Aquellos que han sido bautizados y siguen sus enseñanzas son sus discípulos.

¿Cómo lograr que Dios me sane?

Dios quiere sanarnos, pero existen obstáculos para que Dios nos sane y es principalmente estar en pecado mortal. Jesús siempre al sanar a un enfermo, le perdonaba los pecados, por eso, debemos acercarnos a la confesión y en lo posible comulgar, y por supuesto orar mucho, de forma humilde y con fe. No oremos de forma egoísta.

Te aseguro que si te arrepientes de los pecados, perdonas para ser perdonado, te confiesas, vas a misa al menos los domingos, comulgas, lees la Biblia, rezas el rosario diario, y haces adoración al Santísimo, Dios te sanará.

¿Te parece mucho? Pues ve acercándote de a poco, como te dicte el corazón, y poco a poco empezarás a amar todo esto que te he nombrado y no serpa un esfuerzo para ti. Verás que vale la pena.

San Ireneo decía “Por el Sacramento del Bautismo y de la Eucaristía hemos recibido el don de curar”.

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Fuente: Canal del Padre Darío Betancourt

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