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Las 15 oraciones de santa Brígida para 1 año

15 oraciones de santa Brígida
15 oraciones de santa Brígida para rezar durante un año

Como Santa Brígida (1302 – 1373) durante mucho tiempo quiso saber el número de golpes que recibió nuestro Señor durante Su Pasión, un día Él se le apareció y le dijo: “Recibí 5480 golpes en Mi Cuerpo. Si deseas honrarlos de alguna manera, di 15 Padres Nuestros y 15 Ave Marías con las siguientes oraciones durante todo un año. Cuando termines el año, habrás honrado cada una de Mis Llagas”.

Si multiplicamos 15 oraciones x 365 días da un total de 5475, razón por la cual, algunos consideran que hay un error matemático y han puesto en duda esta revelación, sin embargo no debemos dejar de tomar en cuenta los años bisiestos, que tienen 366 días, lo cual daría un total de 5490, por lo cual algunos años, algunas personas alabarán 5 llagas menos, pero en años bisiestos eso se compensará alabando 10 llagas más.

Aprobación

Estas oraciones y promesas han sido copiadas de un libro impreso en Tolosa en 1740 y publicado por P. Adrien Parvilliers de la Compañía de Jesús, Misionero Apostólico de Tierra Santa, con la aprobación, permiso y recomendación para distribuirlas.

El Papa Urbano VI (1378-1389) había animado a que se multiplicaran las copias escritas de las revelaciones de Santa Brígida, ya que estas no fueron impresas en ese tiempo.

El Papa Pío IX tomó conocimiento de estas Oraciones y las aprobó el 31 de mayo de 1862, reconociéndolas como verdaderas y para el bien de las almas y el gran Congreso de Malinas recomendó las oraciones el 22 de Agosto de 1863.

Los libros que contienen éstas oraciones han sido aprobados por un grupo de eclesiásticos de alto nivel, entre ellos Su Eminencia el Cardenal F. J. Giraud de Cambria en 1845, y el Arzobispo Florián de Toulouse en 1863.

El Papa Benedicto XV (1914-1922) se expresó de la siguiente manera sobre las revelaciones de Santa Brígida: “La aprobación de estas revelaciones implica nada más que esto: Después de un examen lento y detenido, se permite publicar estas revelaciones para el bien espiritual de todos los fieles. Y, aunque no se les atribuye el mismo grado de Fe que se le rinde a las verdades de la religión bajo pena; sin embargo, se les permite creer con fe humana. Es decir, conforme a las reglas de prudencia, por las cuales son probables. Por tanto, estando ya adecuadamente afirmadas y apoyadas por suficientes motivos, pueden ser piadosamente creídas”. (Les Petits Bollandistes, tomo XII)

La Iglesia siempre recomienda meditar sobre La Pasión de Nuestro Señor. La Bendita Virgen María dijo a Santa Brígida: “la consideración de la pasión de Mi hijo debe permanecer frecuente en los pensamientos de todos”.

San Buenaventura dijo: “Quien quiera estar en unión con Dios mantenga los ojos de su alma fijos en El que cuelga muerto en la Cruz. Son las Llagas del Señor las que nos permiten tener poder para soportar el sufrimiento no sólo con paciencia sino con alegría”.

Recomendación de María Simma

“Por mi parte, siento un amor especial por el rosario, que es tan purificador, en especial para las familias. Y con frecuencia suelo aconsejar las oraciones de santa Brígida de Suecia, quien recibió dos conjuntos de oraciones de Nuestro Señor y otro de Nuestra Madre. Uno de los de Nuestro Señor se reza durante un año, mientras que el otro que recibió de Nuestra Madre se reza durante doce años.

De Nuestra Madre recibió la devoción diaria a sus Siete Dolores. Nuestro Señor y su Madre prometieron a santa Brígida tantas gracias a las almas que recen estas oraciones, que debemos lograr que se vuelvan mucho más conocidas de lo que lo son hoy en día.

Pero me gustaría advertir que nadie debe pensar que uno puede seguir viviendo como quiere y que estas oraciones son una garantía para ir derecho al Cielo. Uno debe vivir cerca de Dios con toda sinceridad mientras reza estas oraciones, y desde entonces en adelante. Porque quien piense que puede ser más listo que la Luz de Dios, se llevará una sorpresa muy incómoda cuando llegue el tiempo de ir hacia ella”.

(Extraído del libro Sáquennos de aquí, sobre las almas del Purgatorio)

A tomar en cuenta

Estas oraciones se deben rezar durante un año completo, sin faltar ningún día. Se debe rezar con devoción, concentrando en las palabras que se pronuncian. Se rezan en forma individual; no son para ser rezadas en comunidad, cada persona las debe rezar por separado.

Si por olvido o por otro motivo, pasan las doce de la noche, ¿Se considera ese día como perdido?

Respuesta: Se puede extender el plazo hasta el día siguiente, antes del alba, válido para el día anterior. Lógicamente que se debe volver a rezar durante el día para el día correspondiente. Esta extensión se puede utilizar todas las veces que sea necesaria.

¿Cuáles son las “causas justificadas”?

Respuesta: Por el simple olvido de uno o dos días, quizás por algún acontecimiento familiar o laboral. En caso de
accidente o enfermedad que signifique gravedad o inconciencia, se puede recuperar ese plazo al final, aquí se justifica que pueda ser un plazo mayor. Cuando la persona se encuentre mejor, pedirle a alguien que las rece en voz alta e ir repitiendo mentalmente las oraciones. Lo que no es válido es rezar dos meses, dejar uno, rezar otros seis, dejar tres, ahí no sirve.

Recomendaciones:

  1. Rezar antes del atardecer, si lo dejas para más tarde, luego puedes estar muy cansado por las tareas del día y es fácil que te olvides de rezar o te quedes dormido.
  2. El rezo de las oraciones insume unos veinticinco minutos, cuanto más compenetrado espiritualmente, menos tiempo lleva.
  3. Se rezan las quince oraciones cada día, no una oración cada día.
  4. En caso de enfermedad grave, puede rezarla otra persona al lado de la cama y el enfermo deberá ir repitiendo mentalmente. Solamente mientras se encuentre gravemente enfermo. Pueden usar el audio que está arriba.
  5. Se reza ante un Crucifijo, en su defecto frente a una estampa de Jesús o con la mente puesta en su Divino Rostro y en sus Santas Llagas.

Cómo rezar las 15 oraciones de santa Brígida

  • Señal de la Cruz
  • Invocación al Espíritu Santo:

Venid, Espíritu Santo, llenad los corazones de Vuestros fieles y encended en ellos el Fuego Eterno de Vuestro Amor. Enviad, Señor, Vuestro Espíritu, y todo será creado, y se renovará la faz de la Tierra.

  • Oremos:

¡Oh, Dios!, que instruisteis los corazones de Vuestros fieles con la Luz de Vuestro Espíritu Santo, concededme que, animado y guiado por este mismo Espíritu, aprenda a obrar rectamente siempre y goce de la Dulzura del Bien de Vuestros Divinos Consuelos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

  • Credo

PRIMERA ORACIÓN

¡Oh, Jesús mío!, ¡oh, Eterna Dulzura para los que Os amamos!, ¡oh, Gozo Supremo, que supera todo gozo y deseo!, ¡oh, Salvación y Esperanza nuestra!, infinitas pruebas nos habéis dado de que Vuestro mayor Deseo es estar siempre con nosotros, y fue este Sublime Deseo, ¡oh, Bendito Amor!, el que Os llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh, Verbo Encarnado!, recordad aquella Santa Pasión que abrazasteis por nosotros para cumplir el Divino Plan de Reconciliación de Dios con su criatura. Recordad, Señor, Vuestra Última Cena, cuando rodeado de Vuestros discípulos y después de haberles lavado los pies, les disteis Vuestro Precioso Cuerpo y Sangre. Recordad también cuando tuvisteis que consolarlos al anunciarles Vuestra ya próxima Pasión.

Fue en el Huerto de los Olivos, ¡oh, Señor!, donde se escenificaron los peores momentos de Vuestra Sagrada Pasión: porque fuisteis invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, que Os llevaron a exclamar, lleno de Horror y de Angustia: “¡Mi Alma está triste hasta la muerte!”… Tres Horas duró Vuestra Agonía en aquel jardín, y todo el Miedo, Angustia y Dolor que padecisteis allí ¡fueron tan grandes! que Os causaron sudar Sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufristeis más allí que en el resto de Vuestra Pasión, porque ante Vuestros Divinos Ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la Tierra y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, hasta la consumación de los Tiempos.

Pero, ¡oh, Amor que todo lo vence!, a pesar de Vuestro Temor humano, así contestasteis a Vuestro Padre: “¡No se haga mi voluntad, sino la Tuya!” E inmediatamente Vuestro Padre envió a aquel Precioso Ángel para confortarOs. Tres veces orasteis, y al final llegó Vuestro discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto Os dolió aquello!

Fuisteis arrestado por el pueblo de aquella nación que Vos mismo habíais escogido y exaltado. Tres jueces Os juzgaron, falsos testigos Os acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la Humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor!, ¡a Aquel que venía a regalarnos la Vida Eterna!

Y Os despojaron de Vuestras vestiduras y Os cubrieron los Ojos… E inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearOs y a llenarOs de salivazos. Golpes llovieron contra Vuestro Delicado Cuerpo, y Os retaban a que les dijerais quién era el que Os lo hacía. De repente, aquella Corona de Espinas Os la incrustaron, mutilando Vuestra Cabeza de mala manera, ¡rompiendo Carne, Venas y Nervios! Y para completar la mofa a Vuestra Condición de Rey, Os dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en Vuestras Sagradas Manos.

¡Oh, Sublime Enamorado de nuestras almas!, recordad también cuando Os ataron a la columna. ¡Cómo Os flageló aquella gente!… No quedó lugar alguno en Vuestro Maravilloso Cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes. La escena era terrible: ¡Huesos y Costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios!

¡Oh, Jesús mío!, en memoria de aquellos crueles Tormentos que padecisteis por nosotros antes de la Crucifixión, concededme, antes de morir, un verdadero arrepentimiento de mis pecados, que pueda satisfacer por ellos, haga una santa Confesión, Os reciba en la Santísima Eucaristía y, así alimentada mi alma, pueda volar hacia Vos. Amén

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

SEGUNDA ORACIÓN

¡Oh, Salud y Alimento de mi alma, Libertad Verdadera de ángeles y santos!, ¡Paraíso de Delicias!, recordad el Horror y la Tristeza que sufristeis, camino del lugar donde Os aguardaban una cruz, cuatro clavos y los verdugos, cuando toda aquella turba se apretujaba a Vuestro Paso y Os golpeaba e insultaba impunemente, haciéndoOs víctima de las más espantosas crueldades. Pero más Os dolía su ingratitud que los golpes que Os infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el Género Humano, que llevabais aquella Cruz sobre Vuestros Hombros destrozados.

Por todos aquellos Tormentos y Ultrajes, y por las blasfemias proferidas en contra de Vos, Os ruego, ¡oh, Dueño de mi alma!, que me libréis de mis enemigos, visibles e invisibles, y que bajo Vuestra Protección logre tal perfección y santidad que merezca entrar con Vos en Vuestro Reino. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

TERCERA ORACIÓN

¡Oh, Dueño de nuestra existencia!, Vos, que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de ángeles y hombres, a quien nada puede abarcar ni limitar, y que todo lo envolvéis y sostenéis con Vuestro Amoroso Poder, sin embargo Os dejasteis matar por Vuestra Obra Maestra, el Hombre, para justificarlo ante Vos mismo.

Recordad cada Dolor sufrido, cada Tormento soportado por nuestro Amor, cuando los judíos con enormes clavos taladraron Vuestras Sagradas Manos y Pies. ¡Qué espantosa escena se produjo cuando, con indescriptible crueldad, Vuestro Cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que Vuestras Manos y Pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas Heridas! ¡Cómo agregaron dolor al Dolor cuando tuvieron que estirar Vuestros Sagrados Miembros violentamente en todas direcciones!, ¡oh, Varón de Dolores!

Recordad cuando Vuestros Músculos y Tendones eran estirados sin misericordia, Vuestras Venas se rompían, Vuestra Piel Virginal se desgarraba horriblemente y Vuestros Huesos eran dislocados.

¡Oh, Cordero Divino!, en memoria de todo lo ocurrido en la Colina del Gólgota, Os ruego me concedáis la Gracia de amarOs y honrarOs cada día más y más. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

CUARTA ORACIÓN

¡Oh, Divino Mártir de Amor!, ¡oh, Médico Celestial!, que Os dejasteis suspender en la Cruz para que por Vuestras Heridas, las nuestras fueran curadas. Recordad cada una de aquellas Heridas y la tremenda debilidad de Vuestros Miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la Cabeza a los Pies erais todo Llaga, todo Dolor, todo Sufrimiento; erais una masa rota y sanguinolenta. Y aun así llegasteis, para sorpresa de Vuestros verdugos, a suplicar a Vuestro Padre Eterno, Perdón para ellos diciéndoLe: ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!

¡Oh, Cristo Bendito!, en memoria de esta gran Misericordia que tuvisteis -ya que muy bien pudisteis lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo Acto de Vuestra Poderosa Voluntad-, por aquella tan grande Misericordia que superó a Vuestra Divina Justicia, concededme una contrición perfecta y la remisión total de mis pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás vuelva a ofenderOs. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

QUINTA ORACIÓN

¡Oh, Jesús!, ¡oh, Esplendor de la Eternidad!, recordad cuando contemplasteis en la Luz de Vuestra Divinidad las almas de los predestinados, que serían rescatados por los Méritos de Vuestra Sagrada Pasión. También visteis aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto Os quejasteis por ellos! Os compadecisteis, ¡oh, Buen Jesús!, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con Vuestra Sangre ni se alimentarían con Vuestra Carne Eucarística.

Por Vuestra Infinita Compasión y Piedad, y acordándoOs de Vuestra Promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría con Vos en el Paraíso, ¡oh, Salud y Alimento de nuestra alma!, mostradme esta misma Misericordia en la Hora de mi muerte. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

SEXTA ORACIÓN

¡Oh, Rey muy amado y deseado por mi corazón!, acordaOs del Dolor que sufristeis cuando, desnudo y como un criminal común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. ¡Cómo Os dolió ver que Vuestros familiares y amigos desertaban! Pero allí estaba Vuestra Muy Amada Madre y Vuestro Discípulo Juan, que permanecieron con Vos hasta Vuestro Último Suspiro, no importando que su naturaleza humana desmayando estuviera. Y, para colmo de Vuestro Inmenso Amor por nosotros, nos hicisteis aquel Precioso Regalo: ¡nos disteis a María como Madre! ¡Cuánto Os debemos, Salvador nuestro, por este Sublime Regalo! Solo tuvisteis que decir a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!”, y a Juan: “!He aquí a tu Madre!”

Os suplico, ¡oh, Rey de la Gloria!, por la Espada de Dolor que entonces atravesó el alma de Vuestra Santísima e Inmaculada Madre, que Os compadezcáis de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistáis en cada prueba, especialmente en la Hora de mi muerte. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

SÉPTIMA ORACIÓN

¡Oh, Rey de Reyes!, ¡Fuente de Compasión que jamás se agota!, recordad cuando sentisteis aquella tremenda Sed por las almas, que Os llevó a exclamar desde la Cruz: “¡Tengo Sed!” Sí, no solamente teníais Sed física, sino Sed insaciable por la Salvación de la Raza Humana.

Por este gesto de Amor por nosotros, Os ruego, ¡oh, Prisionero de nuestro amor!, que inflaméis mi corazón con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos mis actos, que extingáis en mí la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

OCTAVA ORACIÓN

¡Oh, constante Dulzura nuestra!, ¡oh, Deleite diario de nuestro espíritu!, por el sabor tan amargo de aquella hiel y vinagre que Os dieron a probar en lugar de agua, para aplacar Vuestra Sed física, Os suplico que aplaquéis mi sed por Vuestra Vivificadora Sangre y mi hambre por Vuestra Redentora Carne, ahora y siempre, y que no me falten en la Hora de mi muerte. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

NOVENA ORACIÓN

¡Oh, Jesús, Virtud Real y Gozo del alma!, acordaOs del Dolor que sentisteis, sumergido en un Océano de Amargura, al acercarse la Muerte. Insultado y ultrajado por Vuestros verdugos, clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndoLe: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Por aquella Angustia que padecisteis en aquellos momentos finales de Vuestra Pasión, Os ruego, ¡oh, nuestro Salvador!, que no me abandonéis durante los terrores y dolores de mi muerte. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

DÉCIMA ORACIÓN

¡Oh, Jesús!, que sois Principio y Fin de todo lo creado, Virtud, Luz y Verdad, acordaOs de que por causa nuestra fuisteis sumergido en un Abismo de Penas, sufriendo Dolor en todo Vuestro Santísimo Cuerpo. En consideración a la enormidad de tanta Llaga que Os hicimos los hombres, enseñadme a guardar por puro amor a Vos todos Vuestros Mandamientos, que son Camino de Vuestra Ley Divina, amplio y agradable para aquellos que Os aman. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

UNDÉCIMA ORACIÓN

¡Oh, Jesús mío, Abismo Insondable de Misericordia!, Os ruego, en memoria de Vuestras Heridas, las cuales penetraron hasta la Médula de Vuestros Huesos y hasta lo más profundo de Vuestro Ser, ¡que me apartéis para siempre del pecado!, ¡que no Os ofenda más! Reconozco con bochorno que soy un miserable pecador y que Os he ofendido ¡tantas veces! que temo que Vuestra Divina Justicia me condene.

No obstante, acudo presuroso a Vuestra Misericordia Infinita para que me escondáis urgentemente en Vuestras Preciosas Llagas. Y así, ocultado de Vuestro indignado Rostro, pueda Vuestro Amante Corazón una vez más lavar mis culpas con Vuestra Sangre Liberadora. De esa forma, Redentor nuestro, Vuestro Enojo e Indignación cesarán de inmediato. ¡Gracias, Señor! Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

DUODÉCIMA ORACIÓN

¡Oh, Jesús, Eterna Verdad, Símbolo de la Perfecta Caridad y de la Unidad!, Os suplico que Os acordéis de aquella multitud de laceraciones, de aquellas horribles Heridas que Os hicimos la Humanidad pecadora que queríais salvar. Estabais hecho un guiñapo humano, enrojecido por Vuestra propia Sangre. ¡Qué inmenso e intenso Dolor padecisteis en Vuestra Carne Virginal por Amor a nosotros!, ¡oh, Dulzura Infinita! ¿Qué podéis hacer que no hayáis ya hecho por nosotros? Nada falta, todo lo habéis cumplido.

Ayudadme, ¡oh, Señor!, a tener siempre presente ante los ojos de mi espíritu un fiel recuerdo de Vuestra Pasión, para que el Fruto de Vuestros Sufrimientos se vea continuamente renovado en mi alma y para que Vuestro Amor se agrande en cada momento más y más en mi corazón, hasta que llegue aquel Feliz Día en que Os vea en el Cielo y sea Uno con Vos, que sois el Tesoro y Suma Total de todo gozo y bondad. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

DÉCIMA TERCERA ORACIÓN

¡Oh, Dulce Consuelo de mi alma, Maravilloso Liberador, Rey Inmortal e Invencible!, recordad cuando, inclinando Vuestra Adorable Cabeza, toda desfigurada por los golpes, la Sangre y el polvo del camino, exclamasteis: “Todo está consumado”… Toda Vuestra Fuerza, mental y física, se agotó completamente.

Por este Gran Sacrificio y por las Angustias y Tormentos que padecisteis antes de morir, Os ruego, ¡oh, Buen Jesús!, que tengáis Misericordia de mí en la Hora de mi muerte, cuando mi mente esté tremendamente perturbada y mi alma sumergida en inquietudes y angustias. Que no tema nada, que Os tenga a Vos a mi lado y dentro de mi ser. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

DÉCIMA CUARTA ORACIÓN

¡Oh, Doliente Jesús!, ¡oh, incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, Esplendor y Figura de Su Esencia!, recordad cuando con gran Voz entregasteis Vuestra Alma a Vuestro Padre Celestial, diciéndoLe: “¡Padre, en Tus Manos encomiendo mi espíritu!” Vuestro Cuerpo estaba despedazado y Vuestro Corazón destrozado, pero Vuestras Entrañas de Misericordia quedaron abiertas para redimirnos. Así expiraste, ¡oh, Amor Infinito!

Por Vuestra Dolorosa Muerte Os suplico, ¡oh, Rey de Santos y Ángeles!, que me confortéis y ayudéis a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus perfidias y a la carne con sus vicios, para que así, muerto a los enemigos de mi alma, viva solamente para Vos. Por eso Os ruego, ¡oh, Dulce Redentor y Salvador!, que a la Hora de mi muerte recibáis mi pobre alma desterrada, que regresa a Vos. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

DÉCIMA QUINTA ORACIÓN

¡Oh, Vencedor de la Muerte!, ¡Vid Verdadera y Fructífera!, recordad aquel torrente de Sangre que brotó de cada Parte de Vuestro Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar.

Desde el lugar de la Flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella Vía Dolorosa hasta la Colina Sagrada, Vuestra Sangre derramada escribía las Bellas Páginas de la Historia del Corazón que más nos ama…¡El Vuestro! Recordad cómo la Tierra, agradecida pero a la vez espantada, recibía Vuestra Preciosa Sangre. Toda la Naturaleza, de horror temblaba, y los cielos se estremecían; los Ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, ¡oh, Jesús!, ¡abríais el Cielo para la Humanidad pecadora!

Por tres largas Horas Vuestro Cuerpo colgó de la Cruz. Presentabais un aspecto doliente, triste, todo lleno de Dolor. Vuestra Sangre: aún manando, recorriendo aquella que ya se había secado, que ya se había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino….

Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar Vuestros Cabellos y Barbas, que ahora daban la impresión de que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Vuestros Oídos y Nariz, tupidos estaban de Sangre. ¡Hasta Vuestros Ojos y Boca sangraban! En verdad que todos Vuestros Sentidos fueron atrozmente atormentados.

Así inclinasteis la Cabeza y entregasteis Vuestro Espíritu…. Entonces vino Longinos y perforó Vuestro Costado, con tanta violencia que la punta de la lanza casi sale por el otro Costado. Vuestro Corazón, Os lo desgarraron, ¡oh, Jesús!, ese Corazón que ¡tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Vuestro Cuerpo era cual bulto colgado, como un haz de mirra elevado en lo alto de la Cruz. La muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada, la Sustancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada, y disecada la Médula de Vuestros Huesos. Fue entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos, y la Naturaleza y los Elementos dieron amplio testimonio de que Aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios!

Por esta Amarga Pasión y por la Efusión de Vuestra Divina Sangre, Os suplico, ¡oh, Dulcísimo Jesús!, que recibáis mi alma cuando esté sufriendo en la agonía de mi muerte.

¡Oh, Maravillosa Realidad, escándalo para los infieles, Gozo indescriptible para los que Os amamos!, ese Vuestro Infinito Sacrificio pagó el Rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo ¡dejasteis bien abiertas las Puertas para aquellos que quisieran seguirOs! ¡Oh, Señor!, por Vuestra Amarga Pasión y Preciosa Sangre Os ruego traspaséis mi corazón para que mis lágrimas de amor, adoración y penitencia sean mi alimento noche y día. Haced que me convierta totalmente a Vos, que mi corazón sea Vuestro perpetuo Lugar de Reposo, que mis conversaciones Os sean siempre agradables, y que al final de mi vida merezca que grabéis, ¡oh, Dios de Amor!, el Sello de Vuestra Divinidad en mi alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo Os vean bien reproducido en mí y poder así ser contado entre Vuestros Santos para que Os alabe para siempre por toda la Eternidad. Amén.

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Gloria

ORACIÓN FINAL

¡Oh, Dulce Jesús!, herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, ¡oh, mi Señor!, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación Perpetua y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable que, después de mi muerte, pueda merecer Vuestro Paraíso y alabarOs para siempre en el Cielo con todos Vuestros Santos. Amén.

Sea por siempre bendito y alabado Jesús, que con Su Sangre nos redimió. (3 veces)

LAS PROMESAS

El Crucificado prometió a Santa Brígida los siguientes privilegios, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación del Oficio Divino. Y se garantizaban también a todo aquel que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de un año, las siguientes promesas:

  1. Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección.
  2. Quince días antes de su muerte, tendrá un conocimiento perfecto de todos sus pecados y una contrición profunda de ellos.
  3. Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente.
  4. Libraré del purgatorio a 15 miembros de su familia. (éstas son elegidas por el Señor, no por nosotros)
  5. Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia.
  6. Quince miembros de su familia se convertirán.
  7. Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados.
  8. Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y está por morir (sin que la persona tenga el conocimiento que está por morir próximamente), prolongaré su existencia para que se confiese bien (confesión de vida)
  9. Obtendrá todo lo que pida a Dios y a la Santísima Virgen.
  10. En cualquier parte donde esté diciendo las oraciones, o donde se digan, Dios estará presente con su gracia.
  11. Todo aquel que enseñe estas oraciones a los demás, ganará incalculables méritos y su gloria será mayor en el Cielo.
  12. Por cada vez que se reciten estas oraciones, se ganarán 100 días de indulgencia.
  13. Será liberado de la muerte eterna. (no se condenará)
  14. Goza de la promesa de que será contado entre los bienaventurados del cielo.
  15. Lo defenderé contra las tentaciones del mal.
  16. Preservaré y guardaré sus cinco sentidos.
  17. Lo preservaré de una muerte repentina.
  18. Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que venza a sus enemigos. (Satanás y sus huestes)
  19. Antes de su muerte vendré con mi amada Madre, la Santísima Virgen Inmaculada.
  20. Lo recibiré muy complacido y lo conduciré a los gozos eternos. Y habiéndolo llevado allí, le daré de beber de la fuente de mi divinidad; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis oraciones.
  21. Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santo Ángeles.

Para que se cumplan las promesas, se deben rezar las 15 oraciones todos los días durante 1 año completo. No se debe faltar. Si faltase por alguna vez, se perderán todas las promesas (aunque vayan terminando el último mes).

Objeciones a las promesas:

El padre P. Casimir M. Puskorius tiene las siguientes objeciones a las promesas, las cuales a su juicio tienen errores teológicos. Yo agrego lo que entiendo de cada promesa luego de la objeción, donde dice “posible explicación”.

Aquí lo que expone el padre:

Algunos de ellos son consistentes con las enseñanzas de la Iglesia, pero algunos definitivamente no lo son. Aquí hay una muestra de 6 de los que no lo son, junto con mis comentarios:

1.Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección. ¿Cuál es el primer grado de perfección? Esto es nebuloso y mal definido. Recitar estas oraciones diariamente durante todo un año implicaría cierto grado de perfección, pero no necesariamente el más alto. Además, los neuróticos y los que aman “recitar” oraciones en gran cantidad pueden fácilmente decir estas oraciones a diario y no estar más cerca de la perfección de lo que estaban cuando empezaron. La calidad es necesaria e incluso más importante que la cantidad.

Posible explicación: Efectivamente ninguna oración es garantía para alcanzar un grado mínimo, medio o alto de perfección, pero ciertamente mientras con más devoción se ora, más alto es el grado de perfección que puede tener un alma. Eso sumado a otros actos, como lo son los de caridad y entrega van purificando poco a poco el alma, y si el Señor quiere derramar infinitas gracias a quienes recen -por supuesto con devoción- estas oraciones, lo puede hacer. La explicación que da el sacerdote sobre esta promesa es totalmente válida, pero no invalida la promesa en sí, ya que todas las promesas que se han dado a todas las oraciones en la historia de la Iglesia católica piden a cambio devoción, como las del santo rosario, por ejemplo, y a través de las mismas oraciones el Señor te va ayudando a ser más caritativo y sentir más amor al prójimo. Está claro que si sólo repetimos las oraciones, nunca alcanzaremos ninguna promesa. Pero también sé de personas que empezaron “repitiendo” oraciones y terminaron orando con fervor.

3. Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente. Es cierto que cuando recibimos la Sagrada Hostia, estamos recibiendo al mismo tiempo la Preciosa Sangre de Jesús. ¿Por qué es necesaria una distinción aquí?

Posible explicación: Esta objeción no la entiendo, ya que cuando el sacerdote entrega la comunión untada en el vino consagrado, dice “El Cuerpo y la Sangre de Cristo” y cuando entrega la hostia seca sin untar dice “El cuerpo de Cristo”, por lo tanto la promesa me parece que no contiene error, sobre todo porque en ella el Señor no hizo distinción, como expresa el sacerdote, nombró ambas cosas, no dijo que la tomarían por separado, no veo distinción.

5. Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia. ¿Cómo es posible que alguien sea “confirmado en la gracia”? Nadie puede tener la certeza de la salvación de esta manera, y mucho menos esta certeza puede darse gratuitamente a los descendientes.

Posible explicación: Totalmente de acuerdo, nadie puede tener certeza de la salvación, pero si el Señor quiere mantener constantemente en gracia a una persona (y esto no significa que esté en gracia cada segundo de su vida, sino que lo haga volver a la gracia cada vez que la pierda), claro que puede. Este constante estado de gracia no se daría sólo gratuitamente a ciertos miembros de la familia, sino que sería el Señor quien se encarga de que estas personas -respetando su libre albedrío- se mantengan en amistad con Dios por sus méritos, no de forma gratuita.

7. Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados. Esto no es consistente con las promesas hechas en otras revelaciones privadas aprobadas, como la Promesa de los Nueve Primeros Viernes o de los Cinco Primeros Sábados. ¿Qué tiene de significativo el 30 en este contexto? Si uno viviera trágicamente en pecado mortal durante, digamos, 29 o 31 años, ¿la promesa de repente sería ineficaz? Además, ¿cómo la mera intención de decir las oraciones durante un año constituye un acto de perfecta contrición? Uno podría decidir decir las oraciones por temor a los castigos de Dios, y esto sería solo una contrición imperfecta. También se necesitaría una confesión sacramental para el perdón real.

Posible explicación: Aquí no hay que hacer un cálculo matemático exacto, si pensáramos así tendríamos que tomar como exacto el “70 veces 7” y los “144 mil” elegidos que aparecen en la Biblia. Por el contrario, debemos entenderlo como un número alto, como si el Señor nos dijera: “Aunque llevaras 30 años pecando…” Y ciertamente tampoco es un límite, porque el Señor nos perdona sin importar si llevamos 1 año o 50 años, o más, pecando. Por otra parte, entiendo que el Señor perdona los pecados justo en cuanto se tiene la intención de rezar, pero también llevando acabo el acto, no te ganas la promesa si luego no haces las oraciones, pero cuando la intención es real, acabamos haciéndolo, y el Señor sabe cuando cumplirás, porque Él puede ver fuera del tiempo, y por supuesto siempre que haya arrepentimiento. El Señor conoce las verdaderas intenciones de cada corazón y si está arrepentido realmente, y no podemos subestimarlo. Se necesita la confesión para ser absuelto, pero todos sabemos que el Señor perdona en cuanto hay arrepentimiento junto al propósito de confesarse, luego la confesión borra el pecado. También la confesión requiere tener verdadero arrepentimiento, la absolución no es válida si los pecados que confesaste te dan igual y no estás arrepentido. Finalmente, aunque la promesa no se refiere a la confesión, en ninguna parte sugiere que se puede prescindir de la misma, y estoy segura de que el fruto de la oración con devoción provocará poco a poco la contrición y necesidad de confesarse.

21. Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santo Ángeles. Esto suena bien, pero habría que tener el fervor y la santidad de un santo como San Francisco para recibir la recompensa de los serafines o querubines.

Posible explicación: Estoy de acuerdo con lo que explica el sacerdote, pero también creo que si recitas estas oraciones con devoción y amor, el Señor te dará la gracia de ser tan santo como San Francisco si así Él lo desea. ¿Que tienes libre albedrío? Sí, ¿pero es que al Señor le fallan los planes? No lo creo. No subestimemos la Divina Misericordia del Señor y la fuerza poderosa de Su santa voluntad. Si Él se propone hacer santo a alguien, lo hará, no tengo ninguna duda de ello, pero además de todo, ¡adivina! ¡Todas las almas que están en el Cielo son santos! Entonces cuando llegues allí, si el Señor te quiere dar tal o cual lugar, ¿crees que debería pedirle permiso a los teólogos para ello?


Nota final: Si decides rezar estas oraciones, que Dios te acompañe y te bendiga. No olvides siempre tener prudencia y practicar la virtud de la obediencia con nuestra Iglesia, por lo tanto, como han sido aprobadas las oraciones, puedes rezarlas sin ninguna duda, y puedes creer libremente en las promesas, ya que aunque no han sido aprobadas por la Iglesia tampoco se ha prohibido creen en ellas, siempre con la debida prudencia.

Nunca olvides que cualquier promesa del Señor debe ser ganada con devoción y amor y no por conveniencia, no sirve sólo repetir palabras, tampoco puedes rezar durante un año para obtener las promesas y luego ir por la vida pecando. No, nadie se burla de Dios, como decía María Simma (más arriba): “Quien piense que puede ser más listo que la Luz de Dios, se llevará una sorpresa muy incómoda cuando llegue el tiempo de ir hacia ella”.

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Fuentes:

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