Debes saber Libro Purgatorio

Léeme o laméntalo (libro sobre el Purgatorio) + audiolibro

Léeme o laméntalo
Léeme o laméntalo

L√©eme o lam√©ntalo es un libro aprobado por el Cardenal de Lisboa que nos ense√Īa qu√© es el Purgatorio, c√≥mo podemos ayudar a las almas y los favores que ellas hacen, entre otras cosas.

Al final de esta p√°gina se encuentra disponible el audiolibro

Contenidos:

Aprobación de Su Eminencia el Cardenal de Lisboa

Palacio Cardenalicio, Lisboa, 4 de marzo de 1936

Aprobamos y recomendamos con todo el coraz√≥n este librito “L√©eme o Lam√©ntalo”, por EDM (Engant de Marie, iniciales con las que se identifica el Padre O’Sullivan).

Aunque peque√Īo, est√° destinado a hacer grandes cosas entre los cat√≥licos, muchos de los cuales est√°n incre√≠blemente ignorantes acerca de la gran doctrina del Purgatorio. Como consecuencia, ellos hacen poco o nada para evitarlo para s√≠ mismos y tampoco ayudan a las Almas Sufrientes que est√°n en terribles tormentos, esperando por las Misas y las oraciones ofrecidas por ellos.

Es nuestro mas caro deseo que cada católico debería leer este librito y difundirlo por todas partes, tanto como le sea posible.

PREFACIO: “L√©eme o lam√©ntalo”

El t√≠tulo es algo alarmante. A√ļn, estimado lector, si t√ļ escudri√Īas este peque√Īo libro, ver√°s por ti mismo cu√°n merecido es. El libro nos cuenta c√≥mo salvarnos a nosotros mismos y a otros de un sufrimiento inenarrable. Algunos libros son buenos y algunos otros pueden ser de provecho. Otros son mejores y deben ser le√≠dos sin falta.

Hay, sin embargo,libros de tan excelente mérito por razón de sus consejos, la convicción que acarrean y la acción urgente a la que nos impulsa, que sería cabalmente alocado no leerlos.

“L√©eme o lam√©ntalo” pertenece a esa clase de libros. Es por tu mayor inter√©s, estimado amigo, que lo leas y releas, para ponderarlo bien y profundamente en sus contenidos. Nunca te arrepentir√°s de ello, por el contrario, grande y amargo ser√° tu arrepentimiento si tu fallas en estudiarlo en sus sustanciosas p√°ginas.

¬°AUXILIO, AUXILIO, SUFRIMOS MUCHO!

I: Nunca llegaremos a comprender lo suficientemente claro que una limosna, peque√Īa o grande, dada en favor de las almas sufrientes, se la damos directamente a Dios. El acepta y recuerda como si se la hubieran dado directamente a √Čl mismo. As√≠, todo lo que hagamos por ellas, Dios lo acepta hecho para El. Es como si lo alivi√°ramos o liber√°ramos a √Čl mismo del Purgatorio. En qu√© manera nos pagar√°!

II. No hay mayor famelia, sed, pobreza, necesidad, pena, dolor, sufrimiento que se compare a los de las Almas del Purgatorio, por lo tanto no hay limosnas más merecidas, ni más placenteras a Dios, ni mérito mas alto para nosotros, que rezar, pedir celebraciones de Misas, y dar limosnas en favor de las pobres Santas Almas.

III. Es muy posible que algunos de nuestros más cercanos y queridos parientes estén todavía sufriendo las purificantes penas del Purgatorio y llmándonos entre lastimosos gemidos para que los ayudemos y aliviemos.

IV. ¬Ņ¬ŅNo es terrible que seamos tan duros que no podamos pensar en ellos, ni tampoco podemos ser tan crueles que deliberadamente los olvidemos??!!! Por el amor de Cristo, hagamos todo, pero todo, lo que podamos por ellas. Cada cat√≥lico deber√≠a unirse a la Asociaci√≥n de las Animas Benditas.

Purgatorio:

“Tengan piedad de m√≠, tengan piedad de m√≠, por lo menos ustedes mis amigos, porque la mano del Se√Īor me ha tocado” (Job 19:21). Esta es la conmovedora s√ļplica que la Iglesia Purgante env√≠a a sus amigos en la tierra.

Tierra, comiencen, imploren su ayuda, en respuesta a la angustia mas profunda. Muchos dependen de sus oraciones.

Es incomprensible como algunos cat√≥licos, a√ļn aquellos que de una u otra forma son devotos, vergonzosamente desatienden a las almas del Purgatorio.

Parecería que no creen en el Purgatorio. Ciertamente es que sus ideas acerca de ello son muy difusas.

Días y semanas y meses pasan sin que ellos reciban una Misa dicha por ellas!

Raramente también, oyen Misa por ellos, raramente rezan por ellos, raramente piensan en ellos! Entretanto están gozando la plenitud de la salud y la felicidad, ocupados en sus trabajos; divirténdose, mientras las pobres almas sufren inenarrables agonías en sus lechos de llamas. Cuál es la causa de esta horrible insensibilidad? Ignorancia: gruesa, inexplicable ignorancia.

La gente no se da cuenta de lo que es el Purgatorio. No conciben las espantosas penas, ni tienen idea de los largos a√Īos que las almas son retenidas en esas horribles llamas. Como resultado, hacen poco o nada para evitarse a s√≠ mismos el Purgatorio, y a√ļn peor, cruelmente ignoran a las pobres almas que ya est√°n all√≠ y que dependen enteramente de ellos para ser auxiliadas.

Estimado lector, lee detenidamente este peque√Īo libro con cuidado y bendecir√°s el d√≠a que cay√≥ en tus manos.

CAP√ćTULO 1: Qu√© es el purgatorio

Es una prisión de fuego en la cual casi todas las almas salvadas son sumergidas después de la muerte y en la cual sufren las mas intensas penas.

Aquí está lo que los más grandes doctores de la iglesia nos dicen acerca del Purgatorio.

Tan lastimoso es el sufrimiento de ellas, que un minuto de ese horrible fuego parece ser un siglo.

Santo Tomás Aquino, el príncipe de los teólogos, dice que el fuego del Purgatorio es igual en intensidad al fuego del infierno, y que el mínimo contacto con él es mas aterrador que todos los sufrimientos posibles de esta tierra!

San Agust√≠n, el m√°s grande de todos los santos doctores, ense√Īa que para ser purificadas de sus faltas previamente a ser aceptada en el Cielo, las almas despu√©s de muertas son sujetas a un fuego m√°s penetrante y m√°s terrible del que nadie pueda ver, sentir o concebir en esta vida.

Aunque este fuego est√° destinado a limpiar y purificar al alma, dice el Santo Doctor, a√ļn es m√°s agudo que cualquier cosa que podamos resistir en la Tierra.

San Cirilo de Alejandr√≠a no duda en decir que “ser√≠a preferible sufrir todos los posibles tormentos en la Tierra hasta el d√≠a final que pasar un solo d√≠a en el Purgatorio”.

Otro gran Santo dice: Nuestro fuego, en comparaci√≥n con el fuego del Purgatorio, es una brisa fresca”.

Otros santos escritores hablan en idénticos términos de ese horrible fuego.

¬ŅC√≥mo es que las penas del Purgatorio son tan severas?

El fuego que vemos en la Tierra fue hecho por la bondad de Dios para nuestra comodidad y nuestro bienestar. A veces es usado como tormento, y es lo m√°s terrible que podemos imaginar.

El fuego del Purgatorio, por el contrario, est√° hecho por la Justicia de Dios para penar y purificarnos y es, por consiguiente, incomparablemente m√°s severo.

Nuestro fuego, como m√°ximo, arde hasta consumir nuestro cuerpo; hecho de materia, por el contrario el fuego del Purgatorio act√ļa sobre el alma espiritual, la cual es inexplicablemente m√°s sensible a la pena.

Cuanto más intenso es el fuego, más rápidamente destruye a su víctima; la cual por consiguiente cesa de sufrir; por cuanto el fuego del Purgatorio inflinge el más agudo y la más violenta pena, pero nunca mata al alma ni le quita sensibilidad.

Tan severo como es el fuego del Purgatorio, es la pena de la separaci√≥n de Dios, la cual el alma tambi√©n sufre en el Purgatorio, y esta es la pena m√°s severa. El alma separada del cuerpo anhela con toda la intensidad de su naturaleza espiritual estar con Dios. Es consumida de intenso deseo de volar hacia √Čl. Aun es retenida, y no hay palabras para describir la angustia de esa aspiraci√≥n insatisfecha.

Qué locura, entonces, es para un ser inteligente como el ser humano negar cualquier precaución para evitar tal espantoso hecho.

Es infantil decir que no puede ser así, que no lo podemos entender, que es mejor no pensar o no hablar de ello. El hecho es que, ya sea lo creamos o no, todas las penas del Purgatorio están más allá de lo que podamos imaginar o concebir. Estas son las palabras de San Agustín.

CAP√ćTULO 2: ¬ŅPuede todo esto ser verdad?

La existencia del Purgatorio es tan cierta que ning√ļn cat√≥lico ha tenido nunca una duda acerca de ello. Fue ense√Īado desde los tiempos m√°s remotos por la Iglesia y fue aceptada con indubitable fe cuando la Palabra de Dios fue predicada. La doctrina es revelada en la Sagrada Escritura y cre√≠da por millones y millones de creyentes de todos los tiempos.

A√ļn, tal como lo hemos remarcado, las ideas de algunos son tan vagas y superficiales en este tema tan importante, que son como personas que cierran sus ojos y caminan deliberadamente en el filo de un precipicio.

Har√≠an bien en recordad que la mejor manera de acortar nuestra estad√≠a en el Purgatorio – o a√ļn m√°s, evitarlo- es tener una clara idea de ello, y de pensar bien en ello y adoptar los remedios que Dios nos ofrece para evitarlo.

No pensar en ello es fatal. Es cavarse a sí mismos la fosa, y prepararse para ellos mismos un terrorífico, largo y riguroso Purgatorio.

El Príncipe Polaco:

Hubo un príncipe polaco, que por una razón política, fue exiliado de su país natal, y llegado a Francia, compró un hermoso castillo allí. Desafortunadamente, perdió la Fe de su infancia y estaba, a la sazón, ocupado en escribir un libro contra Dios y la existencia de la vida eterna.

Dando un paseo una noche en su jardín, se encontró con una mujer que lloraba amargamente. Le preguntó el porqué de su desconsuelo.

¬°Oh, pr√≠ncipe, replic√≥ ella, soy la esposa de John Marie, su mayordomo, el cual falleci√≥ hace dos d√≠as. El fue un buen marido y un devoto sirviente de Su Alteza. Su enfermedad fue larga y gast√© todos los ahorros en m√©dicos, y ahora no tengo dinero para ir a ofrecer Misas por su alma”.

El príncipe, tocado por el desconsuelo de esta mujer, le dijo algunas palabras, y aunque ya no creía n la vida eterna, le dio algunas monedas de oro para ofrecer un Misa por su difunto esposo.

Un tiempo después, también de noche, el Príncipe estaba en su estudio trabajando febrilmente en su libro.

Escuchó un ruidoso tocar a la puerta, y sin levantar la vista de sus escritos, invitó a quien fuese a entrar. La puerta se abrió y un hombre entró y se paró frente a su escritorio.

Al levantar la vista, cuál no sería la sorpresa del Príncipe al ver a Jean Marie, su mayordomo muerto, que lo miraba con una dulce sonrisa.

Pr√≠ncipe, le dijo, “vengo a agradecerle por las Misas que, con su ayuda, mi mujer pudo encargar por mi alma. Gracias a la Salvadora Sangre de Cristo, ofrecida por m√≠, Voy ahora al Cielo, pero Dios me ha permitido venir aqu√≠ y agradecerle por su generosa limosna”.

Luego, agreg√≥ solemnemente “Pr√≠ncipe, hay un Dios, una vida futura, un Cielo y un Infierno”. Dicho esto, desapareci√≥.

El Pr√≠ncipe cay√≥ de rodillas y recit√≥ un ferviente Credo (“Creo en Dios Padre Todopoderoso…”)

San Antonino y su amigo

La que sigue, es una narración de diferente clase, pero no menos instructiva.

San Antonino, el ilustre Arzobispo de Florencia, relata que había muerto un piadoso caballero amigo de él. Varias Misas fueron sufragadas por su alma.

El Santo se afligió mucho cuando, después de un prolongado lapso, el alma del fallecido se le apareció, sufriendo muchísimo.

“Oh mi querido amigo” exclam√≥ el Arzobispo, ¬Ņ¬Ņ¬Ņtodav√≠a est√°s en el Purgatorio, t√ļ, que llevaste tal piadosa y devota vida???”

El pobre sufriente contest√≥: “As√≠ es, y tendr√© que permanecer aqu√≠ por un largo tiempo, pues en mi vida en la tierra fui negligente en ofrecer sufragios por las almas de Purgatorio. Ahora, Dios por su justo juicio aplica los sufragios que deb√≠an ser aplicados por m√≠, en favor de aquellos por los cuales deb√≠ haber rezado”.

“Dios, en su justicia, me dar√° todos los m√©ritos de mis buenas obras cuando entre al Cielo; pero antes, debo expiar mi grave negligencia por no haberme acordado de los otros”.

Tan ciertas son las palabras de Nuestro Se√Īor “Con la vara con que mides ser√°s medido”.

Recuerda, t√ļ que lees estas l√≠neas, el terrible destino de ese piadoso caballero ser√° el de aquellos que desechan orar y reh√ļsan ayudar a las Santas Almas.

CAP√ćTULO 3: ¬ŅCu√°nto tiempo permanecen las almas en el Purgatorio?

La extensión de tiempo que las almas permanecen en el Purgatorio depende de:

  1. El n√ļmero de sus faltas;
  2. La malicia y la deliberación con que éstas fueron realizadas;
  3. La penitencia hecha, o no, la satisfacción hecha, o no, por los pecados cometidos durante la vida;
  4. Y también depende de los sufragios ofrecidos por ellos después de sus muertes.

Lo que se puede decir con seguridad es que, el tiempo que las almas pasan en el Purgatorio es, por regla general, mucho m√°s largo de lo que la gente puede imaginar.

Extraeremos algunas citas de libros que hablan de la vida y las revelaciones de los Santos.

San Luis Bertrand: su padre era un ejemplar cristiano, como naturalmente se podía esperar, siendo el padre de tan gran Santo. En un tiempo deseó llegar a ser un Monje Cartujo, hasta que Dios le hizo ver que no era Su voluntad.

Cuando muri√≥, luego de largos a√Īos de practicar cada virtud cristiana, su hijo conocedor de los rigores de la justicia Divina, ofreci√≥ algunas Misas y elev√≥ las m√°s fervientes s√ļplicas por el alma del cual el am√≥ tanto.

Una visi√≥n de su padre en el Purgatorio lo oblig√≥ a multiplicar centenares de veces sus sufragios. Agreg√≥ las m√°s severas penas y largos ayunos a sus Misas y oraciones. A√ļn ocho a√Īos completos pasaron antes de obtener la liberaci√≥n de su padre.

San Malaqu√≠as ten√≠a una hermana en el Purgatorio, redobl√≥ sus esfuerzos, pero, a pesar de las Misas, oraciones y heroicas mortificaciones ofrecidas por el Santo, permaneci√≥ varios a√Īos all√≠.

Se cuenta que una santa monja en Pamplona, logr√≥ liberar del Purgatorio a varias Carmelitas que hab√≠an permanecido all√≠ por el t√©rmino de 30 a 40 a√Īos.

Monjas Carmelitas en el Purgatorio por 40, 50 o 60 a√Īos! ¬ŅCu√°l ser√° el destino de aquellos que viven inmersos en las tentaciones del Mundo, con sus cientos de debilidades?

San Vicente Ferrer, después de la muerte de su hermana, oró con increíble fervor por su alma y ofreció varias Misas por su liberación. Ella se le apareció al Santo al finalizar su Purgatorio, y le contó que de no haber sido por su poderosa intercesión ante Dios, ella hubiera estado allí un tiempo interminable.

En la Orden Dominicana es regla general orar por los superiores en el aniversario de sus muertes. Algunos de estos han muerto varios siglos atrás, además, fueron hombres eminentes por su piedad y sabiduría, sin embargo, la Iglesia considera necesario y prudente rogar por ellos.

No queremos significar con esto que todas las almas est√°n retenidas por tiempos iguales en los fuegos expiatorios. Algunas han cometido faltas leves y han hecho penitencia en vida. Por lo tanto, su castigo ser√° mucho menos severo.

Las citas puestas aquí son muy oportunas para hacernos reflexionar: si esas almas, que gozaron del trato, vieron, siguieron, y tuvieron la intercesión de grandes santos, fueron retenidas largo tiempo en el Purgatorio, qué será de nosotros que no gozamos ninguno de esos privilegios?

¬ŅPor qu√© una expiaci√≥n tan prolongada?

Las razones no son difíciles de entender.

1. La malicia del pecado es muy grande. Lo que a nosotros nos parece una peque√Īa falta en realidad es una seria ofensa contra la infinita bondad de Dios.

Es suficiente ver cómo los Santos se arrepintieron de sus faltas.

Nuestra tendencia es ser débiles, es verdad, pero Dios nos ofrece generosamente abundantes gracias para fortalecernos; nos da la luz para ver la gravedad de nuestras faltas, y la fuerza necesaria para no caer en la tentación.

Si a√ļn as√≠, caemos, la falta es toda nuestra. No usamos la luz y la fortaleza que Dios nos ofrece generosamente; no rezamos, no recibimos los Sacramentos como deber√≠amos.

2. Un eminente teólogo remarca que si hay almas que son condenadas al Infierno por toda la eternidad por el pecado mortal, no debemos asombrarnos porque otras almas deban ser retenidas durante largo tiempo en el Purgatorio.

Hay quienes han cometido deliberadamente incontables pecados veniales, algunos de los cuales son tan graves, que en el momento de cometerlos el pecador escasamente distingue si son mortales o veniales. También, ellos pueden haber cometido algunos pecados mortales por los cuales tuvieron poco arrepentimiento e hicieron poca o ninguna penitencia. La culpa ha sido remitida por la absolución, pero la pena debida por los pecados tendrá que ser pagada en el Purgatorio.

Nuestro Se√Īor nos ense√Īa que deberemos rendir cuentas por cada palabra que decimos y que no dejaremos la prisi√≥n hasta que no hayamos pagado hasta el √ļltimo c√©ntimo. (Mt 5:26).

Los Santos cometieron pocos y leves pecados, y a√ļn as√≠, se arrepienten y hacen severas mortificaciones. Nosotros cometemos muchos y grav√≠simos pecados, y nos arrepentimos poco y hacemos poca o ninguna penitencia.

Pecados veniales:

Ser√≠a dif√≠cil calcular el inmenso n√ļmero de pecados veniales que cometemos.

1) Hay un infinito numero de faltas en el amor, egoísmo, pensamientos, palabras, actos de sensualidad, también en cientos de variantes; faltas de caridad en el pensamiento, palabra, obra, y omisión. Holgazanería, vanidad, celos, tibieza y otras innumerables faltas.

2) Hay pecados por omisi√≥n que no pagamos. Amamos tan poco a Dios, y √Čl clama cientos de veces por nuestro amor. Lo tratamos fr√≠amente, indiferentemente y hasta con ingratitud.

√Čl muri√≥ por cada uno de nosotros. ¬ŅLe hemos agradecido como se debe? √Čl permanece d√≠a y noche en el Sant√≠simo Sacramento del Altar, esperando nuestras visitas, ansioso de ayudarnos. ¬ŅCu√°n a menudo vamos a √Čl? √Čl ans√≠a venir a nosotros en la Santa Comuni√≥n, y lo rechazamos. Se ofrece a S√≠ Mismo por nosotros cada ma√Īana en el Altar en la Misa y da oc√©anos de gracias a aquellos que asisten al Santo Sacrificio. ¬°Y algunos son tan holgazanes que no van! ¬°Qu√© desperdicio de gracias!

3) Nuestros corazones son duros y están llenos de amor a sí mismos. Tenemos hogares felices, espléndida comida, vestido, y abundancia de todas las cosas.

Muchos de nuestros prójimos viven en el hambre y la miseria, y poco les damos, mientras que vivimos en el despilfarro y gastamos en nosotros mismos sin necesidad.

4) La vida nos fue dada para servir a Dios, para salvar nuestras almas.

¬°Muchos cristianos, sin embargo, est√°n satisfechos de rezar cinco minutos a la ma√Īana y cinco a la noche!! El resto de las 24 horas est√°n dedicados al trabajo, descanso y placer. ¬°Diez minutos a Dios, a nuestras almas inmortales, al gran trabajo de nuestra salvaci√≥n. Veintitr√©s horas y cincuenta minutos a esta transitoria vida! ¬ŅEs justo para Dios?

Nuestros trabajos, nuestros descansos y sufrimientos deberían ser hechos para Dios!

As√≠ deber√≠a ser, y nuestros m√©ritos ser√≠an por supuesto grandes. La verdad es que hoy d√≠a pocos piensan en Dios durante el d√≠a. El gran objetivo de sus pensamientos son ellos mismos. Piensan, trabajan y descansan para satisfacerse a s√≠ mismos. Dios ocupa un peque√Ī√≠simo espacio en sus d√≠as y sus mentes. Esto es un desaire a Su Amant√≠simo Coraz√≥n, el cual siempre piensa en nosotros.

Y ahora, los pecados mortales:

5) Desafortunadamente, muchos cristianos cometen, pecados mortales durante sus vidas, pero aunque los confiesan, como ya hemos dicho, no hacen satisfacción por ellos.

San Beda el venerable, opina que aquellos que pasan gran parte de su vida cometiendo graves pecados y confesándolos en su lecho de muerte, pueden llegar a ser retenidos en el Purgatorio hasta el Día del Juicio Final.

Santa Gertrudis en sus revelaciones dice que aquellos que cometen muchos pecados graves y que no hayan hecho penitencia no gozan de ning√ļn sufragio de la Iglesia por un considerable tiempo.

Todos esos pecados, mortales o veniales, se acumulan por 20, 30, 40, 60 a√Īos de nuestras vidas. Todos y cada uno deber√°n ser expiados para despu√©s de la muerte.

Entonces, ¬Ņes de asombrarse que algunas almas tengan que estar en el Purgatorio por tanto tiempo?

CAPITULO 4: Por qué y parra qué rezar por las ánimas benditas del Purgatorio?

El gran Mandamiento de Nuestro Se√Īor Jesucristo es que nos amemos los unos a los otros, genuina y sinceramente.

El Primer Gran Mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. El Segundo, o mejor dicho el corolario del primero, es amar al prójimo como a nosotros mismos. No es un consejo o un mero deseo del Todopoderoso. Es Su Gran Mandamiento, la base y esencia de Su Ley. Es tanta la verdad encerrada en esto que El toma como donación todo aquello que hacemos por nuestro prójimo, y como un rechazo hacia El cuando rechazamos a nuestro prójimo.

Leemos en el Evangelio de San Mateo ( Mt 25:34-46), las palabras que Cristo dirigirá a cada uno en el Día del Juicio Final.

Algunos católicos parecen pensar que su Ley ha caído en desuso, pues en estos días existe el egoísmo, el amor a sí mismo, y nadie piensa en el prójimo, sino en el propio engrandecimiento.

“Es in√ļtil observar la Ley de Dios en estos d√≠as”, dicen, “cada uno debe mirar por s√≠ mismo, o te hundes”.

¡No hay tal cosa! La ley de Dios es grandiosa y por siempre tendrá fuerza de ley. Por eso, es necesaria mas que nunca, y es nuestro deber nuestro mayor interés cumplirla.

ESTAMOS MORALMENTE OBLIGADOS A ROGAR POR LAS ANIMAS BENDITAS.

Siempre estamos obligados a amar y ayudar al otro, pero cuanto mayor es la necesidad de nuestro prójimo, mayor y mas estricta es nuestra obligación. No es un favor que podemos o no hacer, es nuestro deber; debemos ayudarnos unos a otros.

Sería un monstruoso crimen, por ejemplo, rehusar al desposeído el alimento necesario para mantenerse vivo. Sería espantoso rehusar la ayuda a alguien en una gran necesidad, pasar de largo y no extender la mano para salvar a un hombre que se está hundiendo. No solamente debemos ayudar cuando es fácil y conveniente, sino que debemos hacer cualquier sacrificio para socorrer a nuestro hermano en dificultades.

Ahora bien, ¬Ņqui√©n puede estar m√°s urgido de caridad que las almas del Purgatorio? ¬ŅQu√© hambre o sed o sufrimiento en esta Tierra puede compararse con sus m√°s terribles sufrimientos? Ni el pobre, ni el enfermo, ni el sufriente que vemos a nuestro alrededor necesitan de tan urgente socorro. A√ļn encontramos gente de buen coraz√≥n que se interesa en los sufrientes de esta vida, pero, ¬°escasamente encontramos a gente que trabaja por las Almas del Purgatorio!

Y ¬Ņqui√©n puede necesitarnos m√°s? Entre ellos, adem√°s, pueden estar nuestras madres, nuestros padres, amigos y seres queridos.

Dios desea que la ayudemos

Ellas son los amigos m√°s queridos. Dios desea ayudarlos; desea tenerlos cerca de √Čl en el Cielo. Ellas nunca m√°s lo ofender√°n, y est√°n destinadas a estar con √Čl por toda la Eternidad. Es verdad, la Justicia de Dios demanda expiaci√≥n por los pecados, pero por una asombrosa dispensaci√≥n de Su Providencia, pone en nuestras manos la posibilidad de asistirlas, nos da el poder de aliviarlas y a√ļn de liberarlas. Nada le place m√°s a Dios que les ayudemos. El est√° tan agradecido como si le ayud√°ramos a El.

Nuestra Se√Īora quiere que los ayudemos

Nunca, nunca una madre de esta tierra amó tan tiernamente a sus hijos fallecidos, nunca nadie consuela como María busca consolar sus sufrientes hijos en el Purgatorio, y tenerlos con Ella en el Cielo. Le daremos gran regocijo cada vez que llevamos fuera del Purgatorio a un alma.

Las benditas √°nimas del Purgatorio nos devuelven el mil por uno

Pero ¬Ņqu√© podremos decir de los sentimientos de las Santas Almas? ¬°Ser√≠a pr√°cticamente imposible describir su ilimitada gratitud para con aquellos que las ayudan! Llenas de un inmenso deseo de pagar los favores hechos por ellas, ruegan por sus benefactores con un fervor tan grande, tan intenso, tan constante, que Dios no les puede negar nada. Santa Catalina de Bologna dice :”He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho mas grandes de las Santas Almas (del Purgatorio)”.

Cuando finalmente son liberadas de sus penas y disfrutan de la beatitud del Cielo, lejos de olvidar a sus amigos de la tierra, su gratitud no conoce límites. Postradas frente al Trono de Dios, no cesan de orar por aquellos que los ayudaron. Por sus oraciones ellas protegen a sus amigos de los peligros y los protegen de los demonios que los asechan.

No cesan de orar hasta ver a sus benefactores seguros en el Cielo, y ser√°n por siempre sus m√°s queridos, sinceros y mejores amigos.

¡Si los católicos supieran cuán poderosos protectores se aseguran con sólo ayudar a las Animas benditas, no serían tan remisos de orar por ellos!

Las √°nimas benditas del Purgatorio pueden acortar nuestro propio purgatorio

¡Otra gran gracia que obtenemos por orar por ellas es un corto y fácil Purgatorio, o su completa remisión!

San Juan Massias, sacerdote dominicano, ten√≠a una maravillosa devoci√≥n a las Almas del Purgatorio. Por sus oraciones, consigui√≥ (principalmente por la recitaci√≥n del Santo Rosario) ¬°¬°¬°la liberaci√≥n de un mill√≥n cuatrocientas mil almas!!! En retribuci√≥n, obtuvo para s√≠ mismo las m√°s abundantes y extraordinarias gracias. Esas almas vinieron a consolarlo en su lecho de muerte, y lo acompa√Īaron hasta el Cielo.

Este hecho es tan cierto que fue insertado por la Iglesia en la bula que decretaba su beatificación.

El Cardenal Baronio recuerda un evento similar:

Fue llamado a asistir a un moribundo. De repente, un ej√©rcito de esp√≠ritus benditos aparecieron en el lecho de muerte, consolaron al moribundo, y disiparon a los demonios que gem√≠an, en un desesperado intento por lograr su ruina. Cuando el cardenal les pregunt√≥ qui√©nes eran, le respondieron que eran ocho mil almas que este hombre hab√≠a liberado del Purgatorio gracias a sus oraciones y buenas obras. Fueron enviadas por Dios, seg√ļn explicaron, para llevarlo al Cielo sin pasar un solo momento en el Purgatorio.

Santa Gertrudis fue ferozmente tentada por el demonio cuando estaba por morir. El esp√≠ritu demon√≠aco nos reserva una peligrosa y sutil tentaci√≥n para nuestros √ļltimos minutos. Como no pudo encontrar un asalto lo suficientemente inteligente para esta Santa, pens√≥ en molestar su beat√≠fica paz sugiri√©ndole que iba a pasar largu√≠simo tiempo en el Purgatorio puesto que hab√≠a desperdiciado sus propias indulgencias y sufragios en favor de otras almas. Pero Nuestro Se√Īor, no contento con enviar Sus √Āngeles y las miles de almas que ella hab√≠a liberado, fue en Persona para alejar a Satan√°s y confortar a su querida Santa. El le dijo a Santa Gertrudis que a cambio de lo que ella hab√≠a hecho por las √°nimas benditas, la llevar√≠a directo al Cielo y multiplicar√≠a cientos de veces todos sus m√©ritos.

El Beato Enrique Suso, de la Orden Dominicana, hizo un pacto con otro hermano de la Orden por el cual, cuando el primero de ellos muriera, el sobreviviente ofrecería dos Misas cada semana por su alma, y también otras oraciones.

Sucedi√≥ que su compa√Īero muri√≥ primero, y el Beato Enrique comenz√≥ inmediatamente a ofrecer las prometidas Misas. Continu√≥ dici√©ndolas por un largo tiempo. Al final, suficientemente seguro que su santamente muerto amigo hab√≠a alcanzado el Cielo, ces√≥ de ofrecer las Misas.

Grande fue su arrepentimiento y consternaci√≥n cuando el hermano muerto apareci√≥ frente a √©l sufriendo intensamente y reclam√°ndole por no haber celebrado las Misas prometidas. El Beato Enrique replic√≥ con gran arrepentimiento que no hab√≠a continuado con las Misas, creyendo que su amigo seguramente estar√≠a disfrutando de la Visi√≥n Beat√≠fica pero agreg√≥ que siempre lo recordaba en sus oraciones. “Oh hermano Enrique, por favor dame las Misas, pues es la Precios√≠sima Sangre de Jes√ļs lo que yo m√°s necesito” lloraba la sufriente alma. El Beato recomenz√≥ a ofrecerlas, y con redoblado fervor, ofreci√≥ Misas y ruegos por su amigo hasta que recibi√≥ la absoluta certeza de su liberaci√≥n. Luego fue su turno de recibir gracias y bendiciones de toda clase por parte de su querido hermano liberado, y muchas m√°s veces que las que hubiera esperado.

CAP√ćTULO 5: C√≥mo podemos ayudar a las benditas √°nimas del Purgatorio

1. La primera medida es unirse a la Asociación de las Santas Almas. Las condiciones son simples.

  1. Tener tu nombre registrado en el Libro de la Asociación.
  2. Oír Misa una vez a la semana (basta con la Misa del domingo) por las Santas Almas.
  3. Rezar y promover la devoción a las Animas Benditas.
  4. Contribuir una vez al a√Īo con un donativo a la Asociaci√≥n, lo cual permite a la Asociaci√≥n tener Misas perpetuas cada mes.

(Si se desean Misas espaciales por las Animas Benditas, es importante mencionar cu√°ntas Misas se quieren).

2. La segunda medida para ayudar a las Animas Benditas, es pidiendo Misas ofrecidas por ellas. Esta es ciertamente la m√°s eficaz de las medidas para liberarlas.

3. Aquellos que no puedan ofrecer Misas, deberían asistir a cuanta Misa fuera posible por su intención.

Un hombre joven que ganaba un salario muy modesto le cont√≥ al autor de este libro: “Mi esposa muri√≥ hace unos a√Īos, he ofrecido por ella 10 misas. No puedo ofrecer m√°s, pero o√≠ 1000 misas por su querida alma.

4. La recitación del Santo Rosario (con sus grandes indulgencias) y hacer el Vía Crucis (el cual es ricamente dador de indulgencias), son excelentes vías de ayuda a las almas.

San Juan Masias, como vimos, liberó del Purgatorio más de un millón de almas, principalmente recitando el Santo Rosario y ofreciendo sus indulgencias por ellas.

5. Otra f√°cil y eficaz forma de ayuda es la recitaci√≥n constante de oraciones breves que contengan indulgencias (aplicando dichas indulgencias en favor de las almas del Purgatorio) Mucha gente tiene la costumbre de decir 500, √≥ 1000 veces cada d√≠a la peque√Īa jaculatoria “Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, en Vos conf√≠o”, o la sola palabra “Jes√ļs”.

Estas son las mas consoladoras devociones; ellas traen océanos de gracias a quien las practican y dan inmenso alivio a las Santas Almas.

Aquellos que digan las jaculatorias 500, √≥ 1000 veces, ganan 300.000 d√≠as de indulgencias ¬°¬°¬°(ochocientos veinti√ļn a√Īos de indulgencias)!!! Qu√© multitud de almas podemos liberar!!! ¬ŅCu√°ntas ser√°n las almas liberadas al cabo de un mes, de un a√Īo, de cincuenta a√Īos? Y a los que no dicen las jaculatorias… ¬°qu√© inmenso n√ļmero de gracias y favores habr√°n perdido!

Es muy posible -aunque no fácil- decir esas jaculatorias 1000 veces al día.

Pero si no puedes decir 1000, por lo menos dilas 500, o 200 veces diarias.

6. Todavía otra poderosa oración es:

“Padre Eterno, te ofrezco la Precios√≠sima Sangre de Jes√ļs, con todas las Misas dichas en el mundo en este d√≠a, por las Almas del Purgatorio”.

Nuestro Se√Īor mostr√≥ a Santa Gertrudis un vasto n√ļmero de almas dejando el Purgatorio (¬°cerca de 1000 cada vez que la recitaba!) y yendo al Cielo como resultado de esta oraci√≥n que la Santa acostumbraba decir frecuentemente durante el d√≠a.

7. El acto heroico: consiste en ofrecer a Dios en favor de las Almas del Purgatorio todos los trabajos de satisfacci√≥n que practicamos en nuestra vida y todos los sufragios que ser√°n ofrecidos para nosotros despu√©s de nuestra muerte. Si Dios premia tan abundantemente la m√°s insignificante limosna dada por un pobre hombre en Su nombre, qu√© inmensa recompensa dar√° √Čl a aquellos que ofrecen sus trabajos de satisfacci√≥n en vida y muerte por las Almas que √Čl ama tanto.

Este acto no evita que los sacerdotes ofrezcan Misas por las intenciones que ellos deseen, o que los laicos no recen por algunas personas u otras intenciones. Aconsejamos a todos realizar este acto.

Las limosnas ayudan a las santas almas

San Mart√≠n de Tours dio la mitad de su manto a un pobre mendigo, s√≥lo para darse cuenta despu√©s que se lo hab√≠a dado a Cristo. Nuestro Se√Īor se le apareci√≥ al Santo y le agradeci√≥.

El Beato Jordan de la Orden Dominica, nunca podía rehusar dar limosnas cuando se lo pedían en el nombre de Dios. Un día, se había olvidado su monedero y un pobre hombre imploraba una limosna por el amor de Dios. En vez de descartarlo, Jordan, por entonces un estudiante, le dio su más preciado cinturón.

Poco tiempo después, entró a una Iglesia y encontró su cinturón circundando la cintura de una imagen de Cristo Crucificado. También él, había dado sus limosnas a Cristo. Todos damos limosnas a Cristo.

Conclusión:

  • Dar todas las limosnas que podamos.
  • Pedir todas las Misas que est√©n en nuestro poder.
  • Escuchar todas las Misas, cuantas m√°s, mejor.
  • Ofrecer todas nuestras penas y sufrimientos por la liberaci√≥n de las Almas del Purgatorio.
  • Liberaremos incontable cantidad de Almas del Purgatorio, que nos pagar√°n 10000 veces mas.

CAPITULO 6: Lo que hacen las √°nimas benditas por aquellos que las ayudan.

San Alfonso María Ligorio decía que, aunque las santas Almas no pueden ya lograr méritos para sí mismas, pueden obtener para nosotros grandes gracias.

No son, formalmente hablando, intercesores, como lo son los Santos, pero a través de la dulce Providencia de Dios, pueden obtener para nosotros asombrosos favores y librarnos de los demonios, enfermedades y peligros de toda clase.

Est√° m√°s all√° de toda duda, como ya hemos dicho, que nos devuelven miles de veces cada cosa que hagamos por ellos.

Los siguientes hechos, unos pocos de todos los que podríamos mencionar, son suficientes para mostrar cuán poderosas y generosas amigas son estas Almas.

C√≥mo una ni√Īa encontr√≥ a su madre:

En Francia, una pobre ni√Īa sirvienta llamada Jeanne Marie escuch√≥ una vez un serm√≥n sobre las Santas Almas, que dej√≥ una impresi√≥n indeleble en su mente. Profundamente movida por el pensamiento del intenso e incesante sufrimiento que soportaban las pobres Almas, se horrorizaba al ver cu√°n cruelmente eran olvidadas y dejadas de lado por sus amigos de la Tierra.

Otra cosa que la impresion√≥ profundamente es o√≠r que hay muchas almas que est√°n tan cerca de su liberaci√≥n, que una sola Misa ser√≠a suficiente para ellas; pero que son retenidas largo tiempo, hasta a√Īos, s√≥lo porque este √ļltimo y necesario sufragio fue olvidado o negado.

Con una fe simple, Jeanne Marie resolvió que, costara lo que costara, ella ofrecería una Misa por las Pobres Almas cada mes, especialmente por las más cercanas al Cielo. Ella ahorraba un poquito, a veces con dificultad, pero nunca falló en su promesa.

En una ocasión fue a París con su patrona, y cayó enferma. por viéndose obligada a ir al Hospital.

Desafortunadamente, la enfermedad resultó ser de largo tratamiento, y su patrona tuvo que regresar a casa, deseando que su mucama pronto se reuniera con ella. Cuando al final la pobre sirvienta pudo dejar el hospital, allí había dejado todos sus ahorros, de manera que sólo le quedaba en la mano un franco.

¬ŅQu√© hizo? ¬ŅA d√≥nde ir? De repente, un pensamiento cruz√≥ su mente y se acord√≥ que no hab√≠a ofrecido ese mes una Misa en favor de las Pobres Almas.

¬°Pero ten√≠a s√≥lo un franco! Apenas le alcanzar√≠a para comer. Como confiaba en la ayuda de las Almas del Purgatorio, fue hasta una Iglesia y pidi√≥ hablar con un sacerdote, para que ofreciera una Misa en sufragio de las Almas del Purgatorio. El sacerdote acept√≥, sin imaginarse que la modesta suma que la ni√Īa ofreci√≥ era el √ļnico dinero que ella pose√≠a. Al terminar el Santo Sacrificio, nuestra hero√≠na dej√≥ la Iglesia. Una cierta tristeza nubl√≥ su rostro, y se sinti√≥ totalmente perpleja.

Un joven caballero, tocado por su evidente decepci√≥n, le pregunt√≥ si ten√≠a alg√ļn problema y si pod√≠a ayudarla. Ella le cont√≥ su historia brevemente, y finaliz√≥ diciendo cu√°nto deseaba trabajar.

De alguna manera se sintió consolada por la forma en que el joven la escuchaba, y recobró la confianza.

“Ser√° un placer ayudarte” dijo.”Conozco una dama que en este momento est√° buscando una sirvienta. Ven conmigo”. Y dicho esto le gui√≥ hasta una casa no muy lejos de all√≠ y le pidi√≥ que ella tocara el timbre, asegur√°ndole que encontrar√≠a trabajo.

En respuesta al toque de timbre, la dama de la casa abri√≥ ella misma la puerta y pregunt√≥ a Jeanne Marie que quer√≠a. “se√Īora” dijo ella, “Me dijeron que usted est√° buscando una mucama. No tengo trabajo y me agradar√≠a tener el puesto”.

La dama estaba perpleja y replic√≥: “¬ŅQui√©n pudo haberte dicho que necesitaba una mucama? Hace s√≥lo un par de minutos que acabo de despedir a la que ten√≠a, ¬Ņacaso te has encontrado con ella?”

“No se√Īora. La persona que me inform√≥ que usted necesitaba una mucama fue un joven caballero”.

“¬°Imposible!, exclam√≥ la se√Īora, “Ning√ļn joven, de hecho nadie, pudo haberse enterado que necesitaba una mucama”.

“Pero se√Īora”, dijo la ni√Īa, apuntando un cuadro en la pared” √©se es el hombre que me lo dijo”.

“¬°No, mi ni√Īa, ese es mi √ļnico hijo, que ha muerto hace ya m√°s de un a√Īo!

“Muerto o no” asegur√≥ la ni√Īa,”√©l fue el que me trajo hasta aqu√≠, y a√ļn me gui√≥ hasta la puerta. Vea la cicatriz en la frente. Lo reconocer√≠a donde fuera”.

Luego, le cont√≥ toda la historia, con su √ļltimo franco, y de c√≥mo ella obten√≠a Misas por las Santas Almas, especialmente por las m√°s cercanas al Cielo.

Convencida al final de la veracidad de la historia de Jeanne Marie, la dama la recibi√≥ con los brazos abiertos. “Ven, pero no como mi sirvienta, sino como mi querida hija. Tu has enviado a mi querid√≠simo hijo al Cielo. No tengo duda que √©l fue el que te trajo a m√≠”.

C√≥mo un ni√Īo pobre lleg√≥ a obispo, a cardenal y a santo

San Pedro Damián perdió a su padre y madre apenas nació. Uno de sus hermanos lo adoptó, pero lo trataba con aspereza, forzándolo a trabajar muy duro y alimentándolo muy mal y con escasa ropa.

Un d√≠a encontr√≥ una moneda de plata, que representaba para √©l una peque√Īa fortuna. Un amigo le aconsej√≥ que la usara para s√≠ mismo, pues el due√Īo no podr√≠a ser hallado.

Para Pedro era difícil establecer en que la gastaría, ya que tenía todo tipo de necesidades. Pero cambiando de pensar, decidió que lo mejor que podía hacer era pedir una Misa por las Almas del Purgatorio, en especial por las almas de sus queridos padres. A costa de un gran sacrificio, transformó su pensamiento en hechos y las Misas fueron ofrecidas.

Las almas del Purgatorio devolvieron su sacrificio generosamente. A partir de ese día notó un gran cambio en su destino.

Su hermano mayor lo llam√≥ a la casa donde √©l viv√≠a, y horrorizado por el maltrato que padec√≠a, lo llev√≥ a vivir consigo. Lo trat√≥ como a su propio hijo, y lo educ√≥ y cuid√≥ con el m√°s puro afecto. Bendici√≥n sobre bendici√≥n, los m√°s maravillosos talentos de Pedro salieron a la luz, y fue r√°pidamente promovido al sacerdocio; alg√ļn tiempo despu√©s fue elevado a la dignidad de Obispo, y finalmente, a Cardenal. Adem√°s, muchos milagros atestiguan su santidad, tanto, que luego de su muerte fue canonizado y declarado Doctor de la Iglesia.

Estas maravillosas gracias vinieron a él después de una Misa ofrecida por las Santas Almas.

Una aventura en los apeninos

Un grupo de sacerdotes fueron convocados a Roma para tratar un asunto de gravedad. Eran portadores de importantes documentos, y una gran suma de dinero les fue confiada para el santo Padre. Atentos al hecho que los Apeninos, los cuales hab√≠an de cruzar, estaban infestados de forajidos, eligieron un gu√≠a de confianza. No hab√≠a por aquel entonces t√ļneles ni trenes para cruzar las monta√Īas.

Se encomendaron a la protección de las Animas Benditas del Purgatorio, y decidieron recitar el De Profundis cada hora por ellas.

Cuando llegaron al coraz√≥n de las monta√Īas, el que iba adelante de todos dio la voz de alarma a la vez que espoleaba a los caballos a todo galope. Mirando alrededor, los sacerdotes vieron a ambos lados del sendero fieras bandas de forajidos fuertemente armados y apunt√°ndoles. Se encontraban en una emboscada a merced de los delincuentes.

Despu√©s de una hora de temerario avance, el gu√≠a par√≥ y mirando a los sacerdotes, dijo:” No puedo entender c√≥mo escaparon. Esta gente nunca perdona a nadie”.

Los padres estaban convencidos que debían su seguridad a las Santas Almas, como luego se confirmaría con un hecho que disiparía toda duda.

Cuando concluyeron su misión en Roma, uno de ellos fue destinado a la Ciudad Eterna, como capellán de una prisión. No mucho después, uno de los más feroces bandidos en Italia fue capturado, y condenado a muerte por una larga serie de asesinatos y esperaba la ejecución en su celda.

Ansioso de ganar su confianza, el capell√°n le cont√≥ sus aventuras, entre ellas las de los Apeninos. El criminal manifest√≥ gran inter√©s en la historia. Cuando termin√≥ el curita su relato, el asesino exclam√≥: “¬°YO FUI el l√≠der de esa banda! Est√°bamos seguros de que ustedes portaban dinero y hab√≠amos decidido matarlos y saquearlos. Pero una fuerza invisible nos impidi√≥ disparar, quer√≠amos hacerlo, pero no pod√≠amos”.

El capellán luego le contó al delincuente cómo se habían encomendado a la protección de las Almas del Purgatorio, y que ellos atribuían su liberación a su protección.

El bandido no tuvo dificultad en creer. De hecho, hizo su conversión mucho más fácil. Murió con arrepentimiento.

Cómo Pio IX se curó de su mala memoria

El venerable pontífice Pío IX designó a un santo y prudente religioso llamado Tomaso como Obispo de la Diócesis. El sacerdote, alarmado por la responsabilidad puesta sobre él, comenzó encarecidamente a excusarse.

Sus protestas fueron en vano. El Santo Padre sabía de sus méritos.

Agobiado por la aprehensión, el humilde religioso solicitó una audiencia con el Santo Padre y le confesó que tenía mala memoria, lo que resultaba ser un grave impedimento en el alto oficio encomendado a él.

P√≠o IX respondi√≥ con una sonrisa “Su di√≥cesis es muy peque√Īa en comparaci√≥n con la Iglesia Universal, la cual llevo sobre mis hombros. Tus cuidados son livianos en comparaci√≥n con los m√≠os.‚ÄĚ Y agreg√≥: “Yo tambi√©n sufr√≠a un grave defecto de la memoria, pero promet√≠ decir una ferviente oraci√≥n diaria por las √Ānimas Benditas, las cuales, en retribuci√≥n, han obtenido para m√≠ una excelente memoria. Usted deber√≠a hacer lo mismo, estimado Padre, y tendr√° en qu√© regocijarse”.

Cuanto m√°s damos, m√°s recibimos

Un hombre de negocios en Boston se unió a la Asociación de las Santas Almas y dio una alta suma de dinero anual para Misas y oraciones en favor de éstas.

El Director de la Asociación se sorprendió de la generosidad del caballero, pues sabía que no era un hombre rico. El le preguntó amablemente un día si las limosnas que él generosamente daba eran completamente suyas o eran colectas que el realizaba de otros.

El hombre respondi√≥: “Todo lo que doy es mi propia ofrenda. No se alarme.

No soy rico y usted piensa que doy m√°s de lo que tengo. No es as√≠, lejos de perder con mi caridad, las Animas Benditas se me ayudan a ganar considerablemente m√°s de lo que doy; a ellas no les gana nadie en generosidad”.

El impretero de Colonia:

William Freyssen, da su testimonio de cómo su hijo y esposa recobraron la salud gracias a las Almas del Purgatorio. Un día le encargaron imprimir un librito sobre el Purgatorio. Cuando realizaba las tareas de corrección del texto, su atención fue captada por los hechos narrados en el libro. Por primera vez se enteró de las maravillas que las Santas Almas pueden obrar por sus amigos.

Por aquel tiempo su hijo cayó gravemente enfermo, y pronto su estado se volvió desesperante. Recordando lo que había leído acerca del poder de las Santas Almas, Freyssen hizo la promesa solemne de imprimir mil libritos a su propia expensa, con su firma impresa. Fue a la iglesia y, una vez dentro, hizo un voto solemne. En ese momento una sensación de paz y confianza inundaron su alma. A su retorno a casa, su hijo, que no podía tragar ni una gota de agua, pidió algo de comer. Al día siguiente estaba fuera de peligro y pronto, completamente curado.

Al mismo tiempo, Freyssen ordenó imprimir los libros del Purgatorio para ser distribuidos, sabiendo que la mejor forma de obtener ayuda para las almas sufrientes, era interesando a mucha gente sobre el tema. Nadie que sepa del sufrimiento de estas pobres almas, niega una oración a ellas.

El tiempo pasó, y una nueva tristeza se cernía sobre este imprentero. Esta vez su amada esposa cayó enferma y a pesar de todos los cuidados iba cada vez peor. Perdió el uso de razón y quedó casi completamente paralizada, de modo que los doctores no le daban muchas esperanzas.

El marido, recordando todo lo que las Almas del Purgatorio hab√≠an hecho por su peque√Īo hijo, corri√≥ otra vez a la Iglesia y prometi√≥ solemnemente, como otrora, imprimir 200 de los libros del Purgatorio, en principio, como urgente socorro de las Animas benditas. Imposible de relatar. La aberraci√≥n mental de su esposa ces√≥, y comenz√≥ a mover su lengua y extremidades. En un corto per√≠odo estaba perfectamente sana.

La cura del c√°ncer

Joana de Menezes nos contar√° de su cura. Ella estaba sufriendo de un c√°ncer en la pierna y sumergida en un profundo dolor.

Recordando lo que había oído sobre el poder de las Almas del Purgatorio, resolvió poner toda su confianza en ellas y ofrecer nueve Misas por ellas.

Prometió publicar en el diario su curación, si esta se llevaba a cabo.

Gradualmente el tumor y el c√°ncer desaparecieron.

Escape de un asalto

El Padre Luis Manaci, un celoso misionero, tenía gran devoción a las Almas del Purgatorio. Se encontró una vez realizando un viaje peligroso, pero con mucha confianza pidió a las Animas Benditas que lo protegieran de los peligros que se iría encontrando. Su camino bordeaba una zona desértica, que se sabía infestada de peligrosas gavillas.

Cuando se encontraba rezando el Santo Rosario por las Almas, cuál no fue su sorpresa, ale verse rodeado de una custodia de espíritus benditos. Pronto descubrió la razón.

Hab√≠a pasado por una emboscada, pero las Santas Almas lo rodearon y lo taparon, torn√°ndolo invisible para los miserables que buscaban su vida. Lo acompa√Īaron hasta que estuvo seguro y fuera de peligro.

Volver a la vida

El Prior de Cirfontaines nos cuenta su historia:” Un joven de mi parroquia cay√≥ enfermo de fiebre tifoidea. Sus padres vencidos por la pena, me pidieron que lo encomendara a las oraciones de los miembros de la Asociaci√≥n de Santas Almas.

Era un s√°bado. El chico estaba a las puertas de la muerte. Los doctores probaron todos los recursos, todos los remedios. Fue en vano. No pod√≠an hallar nada para mejorarlo. Yo era el √ļnico que ten√≠a esperanzas. Sab√≠a del poder de las Santas Almas pues hab√≠a visto lo que pod√≠an hacer.

El domingo rogu√© a los Asociados de las Santas Almas para que rogaran fervientemente por nuestro amigo enfermo. El lunes el peligro hab√≠a pasado. El muchacho estaba curado”.

¬°L√ČELO Y DESPIERTA!

“En mi larga vida”, escribe un sacerdote,” v√≠ muchas manifestaciones de generosidad de los cat√≥licos por los pobres y necesitados, de acuerdo con lo que Nuestro Se√Īor nos mand√≥ hacer.

“Tambi√©n not√© que algunos cat√≥licos son, por supuesto, muy generosos y buenos. Algunos se preocupan por los pobres, otros por los enfermos.

Leprosos, pacientes de c√°ncer, deficientes mentales, todos tienen amigos. Algunos prefieren ayudar a los j√≥venes, los corazones de otros prefieren a los ancianos”.

“Lo m√°s extra√Īo de todas las cosas, es que nunca encontr√© ni un hombre, ni una mujer que se haya dedicado por completo, de todo coraz√≥n, a la m√°s grande de las caridades, por los m√°s necesitados, esto es, por las santas Almas del Purgatorio. Debe haber algunos que lo hacen, pero en mi larga y variada experiencia, no encontr√© ninguno”.

¬°Y las palabras de este sacerdote son pura verdad!

Apelamos a aquellos que todavía no se han dedicado a sí mismos a alguna forma particular de caridad, para que se dediquen con todas sus energías a las Animas Benditas. Hagan todo lo que puedan personalmente, e induzcan a otros a hacer lo mismo.

La mejor manera es practicar los consejos incluidos en este librito, esparcir cientos de copias, y hacer cientos de Almas amigas en el Purgatorio y luego en el cielo.

Pues… qui√©n puede leerlo y rehusarse a ayudarlas?

Audiolibro:

Link en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=cU01Jm_YWgE

Te puede interesar:

Si deseas inscribir a tus seres queridos fallecidos para misa y oración:

image_printImprimir

¬°Ay√ļdanos a llegar a m√°s personas!

También puede interesarte...