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Primer viernes de mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús

Primer viernes de mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús
Primer viernes de mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús

La Devoción de los Primeros Viernes, también llamada Acto de Reparación al Sagrado Corazón de Jesús, es una devoción para ofrecer reparación por los pecados y que tuvo su origen en las apariciones de Cristo en Paray-le-Monial, Francia, relatadas por santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII. Esta devoción al Sagrado Corazón fue totalmente aprobada por la Iglesia Católica Romana y se hicieron varias promesas a quienes practicaban la Devoción del Primer Viernes, una de las cuales incluía la perseverancia final.

El Señor le dijo a santa Margarita, el 16 de junio de 1675:

“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.”

La devoción consta de varias prácticas que se realizan los primeros viernes de nueve meses consecutivos. En estos días, una persona debe asistir a Misa y recibir la Eucaristía. Si surge la necesidad, para comulgar en estado de gracia, se debe hacer uso también del sacramento de la penitencia antes de asistir a Misa. En muchas comunidades católicas, se recomienda la práctica de la Hora Santa durante la Exposición del Santísimo Sacramento durante los Primeros Viernes.

El Señor otorgó 12 promesas para quienes sean devotos de Su Sagrado Corazón.

12 promesas del Sagrado Corazón:

  1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
  2. Les daré paz a sus familias.
  3. Las consolaré en todas sus penas.
  4. Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
  5. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
  6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
  7. Las almas tibias se volverán fervorosas.
  8. Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
  9. Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
  10. Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
  11. Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
  12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.

Condiciones para ganar esta gracia:

  1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (obviamente, sin estar en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la Misa dominical). Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón.
  2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
  3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús (Pio XI)

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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